18 junio, 2026

Clubes de barrio en riesgo: espacios clave que luchan por sobrevivir

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Los clubes de barrio de la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano atraviesan un momento delicado que amenaza su rol como espacios clave de integración social. Según datos del Observatorio del Deporte Metropolitano de la UMET, de las más de 3.100 instituciones que funcionan en el AMBA, el 68,2% no está afiliado a ninguna federación. Esta desconexión deja a casi siete de cada diez entidades fuera del circuito formal, lo que les impide competir en torneos oficiales, acceder a apoyo técnico o formar parte de programas deportivos organizados, pese a su importancia en la vida comunitaria.

Esa desvinculación también se refleja en dificultades administrativas profundas, ya que muchas de estas organizaciones carecen de una inscripción estatal completa. Para encuadrarse dentro de la Ley 27.098, que regula el Régimen de Promoción de los Clubes de Barrio y de Pueblo, deben acreditar entre 50 y 2.000 socios, una condición que suele resultar difícil de cumplir debido a la fragilidad de su situación legal y a las trabas para acceder a servicios financieros. A nivel país, el relevamiento RENACED de 2023 ya señalaba que, de casi 12.000 entidades registradas, el 81% corresponde a este tipo de clubes de cercanía que hoy enfrentan serias dificultades para sostenerse.

En el plano económico, el impacto ha sido determinante. Desde 2016, los aumentos sostenidos en tarifas de servicios como electricidad, gas y agua han deteriorado significativamente sus presupuestos. A esto se suma la eliminación de iniciativas de apoyo como “Clubes en Obra”, que anteriormente brindaba recursos para infraestructura y mantenimiento. Sin ese acompañamiento estatal, y con cuotas sociales que van de $1.500 a $12.000, las instituciones lidian con mayores niveles de morosidad y una caída en la participación en actividades pagas, como la natación, cuyos costos se volvieron inaccesibles para muchas familias.

Por otro lado, la crisis también modificó los hábitos dentro de los clubes. Frente a la pérdida de poder adquisitivo, numerosos adultos dejaron de concurrir para priorizar las actividades de sus hijos, mientras que muchos jóvenes abandonan por tener que trabajar o por no poder afrontar los costos. En este contexto, los dirigentes enfrentan un desafío que va más allá del deporte: sostener estos espacios como ámbitos de contención, salud e inclusión, y evitar que los chicos queden expuestos a la calle en medio de una situación económica que continúa agravándose.

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