19 junio, 2026

Casi un millón de personas son pobres en la Ciudad de Buenos Aires.

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La pobreza alcanzó el 32,1% en el segundo trimestre de 2024 y se posiciona como uno de los peores registros de la última década. La situación es especialmente crítica en el sur de la Ciudad y entre hogares con niños.

La pobreza volvió a golpear con fuerza a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Según el último informe publicado por la Dirección General de Estadística y Censos porteña, correspondiente al segundo trimestre de 2024, el 32,1% de la población de la Ciudad se encuentra por debajo de la línea de pobreza. Esto significa que alrededor de 989.000 personas —prácticamente uno de cada tres habitantes— no alcanzan a cubrir los costos de una canasta básica total (CBT).

La situación no es nueva, pero sí profundamente alarmante. Se trata del segundo peor índice registrado desde 2015, sólo superado por el pico alcanzado durante el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO) de 2020, en el contexto inicial de la pandemia de COVID-19.

Indigencia en alza: más de 400.000 personas sin ingresos suficientes para alimentarse

Más grave aún es el crecimiento de la indigencia, que afecta al 13,5% de la población, es decir, a unas 417.000 personas. Este grupo ni siquiera logra reunir el ingreso necesario para cubrir una canasta básica alimentaria (CBA), lo que implica niveles extremos de vulnerabilidad social y económica.

Del total de hogares porteños, el 9,2% —alrededor de 125.000 unidades familiares— está en situación de indigencia, mientras que el 22,9% se encuentra en situación de pobreza no indigente. En total, unos 358.000 hogares de la Ciudad no logran cubrir sus necesidades básicas, una cifra que expresa con crudeza el deterioro del poder adquisitivo y el ensanchamiento de la brecha social.

Los sectores más golpeados: mujeres, niños y trabajadores precarizados

La pobreza no afecta a todos por igual. Los datos muestran con claridad que ciertos sectores de la población están expuestos a mayores niveles de exclusión. Por ejemplo, los hogares encabezados por mujeres presentan una tasa de pobreza del 31%, frente al 21,5% de aquellos con jefatura masculina.

Otro dato revelador es la diferencia por condición laboral: los hogares con al menos un desocupado registran una pobreza 2,6 veces más alta que el promedio. Y los que dependen de trabajos en el servicio doméstico, particularmente en la informalidad, alcanzan una tasa del 61,1% de pobreza.

Además, el 45,4% de los niños y adolescentes de CABA —alrededor de 304.000 chicos y chicas— vive en condiciones de pobreza, un incremento de casi seis puntos porcentuales en apenas un año. Se trata del índice más alto en los últimos cuatro años y afecta especialmente a los hogares con varios hijos.

La zona sur de la Ciudad continúa siendo el epicentro de la desigualdad: allí, la incidencia de la pobreza llega al 42,4%, muy por encima del promedio general. Se trata de un área históricamente postergada, con menor acceso a servicios, transporte, infraestructura y empleo formal.

Una caída sostenida de la clase media porteña

La clase media, históricamente asociada a la identidad urbana porteña, también muestra señales de desgaste estructural. Hoy representa el 44,2% de los hogares y el 39,6% de la población, una caída de 5,2 y 5,5 puntos porcentuales, respectivamente, respecto al mismo trimestre del año anterior. Son los niveles más bajos desde 2015, lo que confirma una tendencia regresiva que impacta tanto en los ingresos como en el estilo de vida y las expectativas.

En paralelo, el llamado “sector acomodado”, que reúne a los hogares con mayor poder adquisitivo, se ha reducido al 5,3% de la población. Hace una década, este grupo representaba el 11,8%. La progresiva desaparición del sector alto ilustra cómo incluso los estratos más privilegiados se han visto afectados por el cambio en el modelo económico, la inflación persistente y la pérdida de poder de compra.

El ingreso ya no alcanza: brecha entre salarios y canastas básicas

La brecha entre ingresos y costo de vida es el principal motor del aumento de la pobreza. En promedio, los hogares en situación de indigencia percibieron $76.510 mensuales, mientras que aquellos en pobreza no indigente llegaron a $203.506. Sin embargo, el ingreso requerido para superar la línea de pobreza fue de $283.071, lo que equivale a una diferencia del 39,5% con respecto a la CBT.

Es decir, incluso aquellos que se encuentran “cerca” de la línea de pobreza necesitan un salto significativo en sus ingresos para escapar de esa condición. Con una inflación persistente, tarifas en alza y una economía informal en expansión, esa recuperación parece hoy más lejana que nunca.

Vulnerabilidad ampliada: casi la mitad de la población en riesgo

Sumando los hogares en situación de pobreza con aquellos considerados vulnerables (que, si bien no son pobres, están en riesgo de serlo), se llega a una cifra aún más dramática: el 38,3% de los hogares y el 42,8% de la población están en condiciones de fragilidad económica. Se trata de 519.000 hogares y más de 1.320.000 personas que viven al filo de la inseguridad alimentaria y habitacional.

En otras palabras, casi la mitad de la Ciudad —una de las jurisdicciones con mayor PBI per cápita del país— está en situación de pobreza o vulnerabilidad. Esta cifra, que ha aumentado casi tres puntos en relación al mismo trimestre del año anterior, pone en jaque la sostenibilidad del tejido social porteño.

Radiografía de una crisis estructural

Las causas de esta crisis son múltiples y profundas: inflación acumulada, caída del empleo formal, precarización del trabajo independiente, recesión económica y reducción del gasto social, entre otras. El escenario nacional no es más alentador: según estimaciones recientes, la pobreza en todo el país llegó al 52,2%, marcando uno de los picos más altos de las últimas dos décadas.

En ese contexto, CABA —aunque en mejores condiciones relativas— no ha logrado aislarse del impacto general. Las medidas locales, como subsidios directos, programas de ayuda alimentaria o asistencia habitacional, no alcanzan a compensar el deterioro macroeconómico ni la creciente desigualdad interna.

¿Qué sigue? El desafío de reconstruir el tejido social

Los datos publicados por el Instituto de Estadísticas y Censos porteño son mucho más que cifras frías. Detrás de cada número hay familias que no llegan a fin de mes, niños que no acceden a una alimentación adecuada, jubilados que deben elegir entre medicamentos o comida, y trabajadores informales que saltan de changa en changa.

El desafío para el Gobierno de la Ciudad y para el Estado nacional es monumental: no solo se trata de revertir la pobreza estructural, sino de evitar que más personas caigan en ella. Se requieren políticas de generación de empleo formal, mejoras salariales, acceso real a la vivienda y fortalecimiento del sistema de protección social.

Porque detrás del millón de personas pobres en la Ciudad, hay una pregunta que late con fuerza:
¿Hasta cuándo puede sostenerse una sociedad que deja atrás a la mitad de sus habitantes?

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